Relatos eróticos

 

 


Breve historia de los relatos eróticos:

Si existe un género que últimamente está en auge, ese es el erótico. Para que una narración se considere relato erótico es necesario que estén presentes en ella tanto el erotismo como el sexo.

En ocasiones es complicado establecer una línea divisoria clara entre la literatura erótica y la pornográfica. Se considera que cuando las escenas son explícitas deja de ser erotismo y pasa a ser pornografía, donde el mensaje es más directo, se relatan de manera expresa las posturas y actos y se mencionan de forma específica zonas del cuerpo. El erotismo, de mayor sutileza y sensualidad, usa metáforas sin la necesidad de ser excesivamente evidente.

Aunque es común encontrar pasajes eróticos dentro de muchas obras, no como tema principal sino como eventos aislados necesarios para desarrollar la narración o los personajes, no por ello deben considerarse obras eróticas.

Veremos a continuación, en un breve repaso por su historia, que los relatos eróticos se han visto sometido en multitud de ocasiones a la censura por motivos éticos o religiosos.

Las narraciones eróticas son tan antiguas casi como la escritura, pero fue la Antigua Grecia la que cultivó de manera oficial este género por primera vez. Lisístrata, escrita por Aristófanes en el año 400 a.C. es la primera obra completa que se podría calificar como erótica. Roma, China o La India, con su famosísimo Kamasutra, también atendieron en la antigüedad a este género literario.

En la Edad Media, cualquier relato erótico fue censurado por completo, mientras que, también en esa época, tenía un gran éxito en Oriente Medio Las mil y una noches, con la infidelidad como tema central.

En occidente este tipo de narración no volvió a ver la luz hasta el renacimiento, donde la vuelta al mundo griego hizo surgir obras icónicas de la literatura erótica, destacando el Decamerón, de Boccaccio (1353). En esta obra se narran las aventuras sexuales entre monjes y monjas en conventos. Obviamente sufrió una terrible censura.

Más adelante, Francia y la ilustración dieron abundantes obras de naturaleza fuertemente erótica llenas de sátiras contra el clero y la política. Además, el siglo XVIII fue el origen de numerosos fetiches y desviaciones sexuales. Destaca el Marqués de Sade, que da nombre al término sadismo.

En el siglo XIX se calmaron un poco las aguas y predominaron las novelas románticas que huían de lo obsceno, como Madame Bovary . Sin embargo, autores de este tipo de novelas, Flaubert y Baudelaire entre otros, sufrieron un proceso judicial por inmorales. A pesar de su censura, durante la época victoriana perduró la narrativa erótica, pero recurriendo a la firma anónima. La controvertida obra La venus de las pieles, de Leopold von Sacher-Masoch, sentó las bases del masoquismo, término que debe su nombre al autor.

En el siglo pasado, la apertura social en cuanto a los tabúes sexuales influyó positivamente en los relatos eróticos, aunque también la censura estuvo presente. Entre los autores más destacados del género se encuentran Henry Miller (Trópico de Cáncer y Trópico de Capricornio), Vladimir Nabokov (Lolita) y Pauline Réage (Historia de O). Algunos de ellos tuvieron que hacer frente a crítica social e incluso a la prohibición de sus obras en algunos países. Estos autores abrieron paso a los que en adelante se interesaron en la literatura erótica.

En la actualidad, esta narrativa está viviendo un apogeo como nunca había tenido en su historia. Han copado incluso las listas de los libros más vendidos, deshaciendo el estigma que arrastraban los relatos eróticos por considerarse un género menor, sin apenas cabida en los suplementos literarios o en las secciones de cultura. Muchas escritoras han saltado a la fama a veces con ficciones de estilo autobiográfico, como Valérie Tasso y su Diario de una ninfómana.

Es imprescindible destacar la trilogía Cincuenta sombras, de E. L. James, que obtuvo a partir de 2011 un éxito sin precedentes para el género de la literatura erótica.

La era digital ha influido en todos los aspectos de la cultura, y no iba a ser menos con los relatos eróticos, ya que el libro digital se ha convertido en un gran aliado debido a la discreción que otorga, permitiendo esquivar el pudor que aún causan los contenidos sexuales.

 

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Arima Rodríguez
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