Microrrelatos

 


Breve historia de los microrrelatos:

Para hablar del género de microrrelatos de una manera estricta, es importante definir en primer lugar qué no es, ya que existen multitud de tipos de textos breves. Para que exista un minicuento (como se le llama también), tiene que haber una historia, por lo que es necesario dejar fuera de este grupo otras composiciones literarias de poca extensión: adivinanzas, proverbios, micropoemas o refranes.

Un microcuento o relato breve, (nombres que se le da en ocasiones), es un texto escueto, en prosa, que narra una historia usando un lenguaje conciso y un contenido intenso. Se suelen omitir frases o palabras que tal vez deberían estar presentes si se tratara de otro género, pero sin las cuales se comprende el contenido sin problemas. Su característica primordial, por tanto, es la brevedad, la economía del lenguaje y la elipsis.

Este género debe escribirse con cuidado ya que las carencias que exige su limitación no deben dañar el resultado final. Se hace en ellos patente la frase de “menos es más”.

No hay unanimidad en cuanto a la extensión de palabras o líneas a partir de las cuales los textos dejan de ser microrrelatos y pasan a ser relatos cortos. Sin embargo, aproximadamente un folio podría ser la extensión límite. Las bases de muchos concursos de este género no aceptan textos superiores a las 30 líneas.

Hay obras muy famosas: El adivino, de Borges o Después de la guerra, de Jodorowsky que no llegan a las cinco líneas. Algunos ocupan la mitad de una página: El niño al que se le murió el amigo, de Ana María Matute, y otros alcanzan el folio completo, como Los bomberos, de Mario Benedetti.

Contar la historia de este género literario no es sencilla, ya que como fenómeno en la escritura es uno de los más recientes aunque, por otra parte, es obvio que textos de corta extensión aparecen a lo largo de toda la historia de la humanidad: se conocen parábolas, epitafios o adivinanzas desde épocas sumerias y egipcias.

La mayoría de los expertos ubican las raíces del cuento breve en el modernismo hispanoamericano y en las vanguardias, ya que estas supusieron una gran renovación en cuanto a las formas de expresión y aumentó de forma notable la aparición de revistas que exigían textos breves ilustrados para llenar sus páginas.

A principios del si­glo XX, uno de los primeros escritores que utiliza el texto breve es Rubén Darío. A partir de ese momento, el desarrollo del microrrelato comienza a tener relevancia en el mundo hispanoamericano. Se suele aludir a Leopoldo Lugones, Jorge Luis Borges o Julio Cortázar como referentes de estos textos concisos e intensos.

Hasta finales del si­glo pasado, el relato breve parecía propio solamente de hispanoamérica y estaba reconocida casi de manera exclusiva la obra de los autores latinoamericanos. Sin embargo, en España lo habían practicado Juan Ramón Jiménez y Ramón Gómez de la Serna a principios de siglo. Ya hacia finales se incrementó bastante el número de autores españoles que se habían unido al desarrollo de los microrrelatos.

El profesor argentino David Lagmanovich y los españoles Irene Andrés-Suárez y Fernando Valls han examinado el microcuento y su evolución a través de los años. Han publicado obras que se acercan al fenómeno para marcar condiciones (sin llegar al dogmatismo) y realizar una recopilación de autores. Como ya se ha señalado anteriormente, la mayor incidencia se da en los países hispanohablantes, sin embargo, Lagmanovich señala a Kafka, Boudelaire o Hemingway como precursores del microrrelato del siglo XX.

Es importante preguntarse el motivo por el que este género se ha desarrollado tan tarde. La sociedad actual, influida sobre todo por los medios audiovisuales, requiere que el producto se pueda consumir rápidamente. No obstante, aunque los microrrelatos pueden leerse con rapidez, entender sus mensajes no es tan fácil ya que, la mayoría de las veces, son de gran profundidad.

La velocidad y la interactividad que caracterizan a la redes sociales junto con sus exigencias formales, (por ejemplo, el límite de los 140 caracteres por tuit) constituyen un marco idóneo para este género. La omnipresencia de internet hace que, sin lugar a dudas, nuestro querido microrrelato esté en pleno auge.

 

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Arima Rodríguez
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